experiencia

El 2018 mi promoción celebró el 25 aniversario. Cuando me remonto 25 años atrás y comparo con la realidad actual, veo muchas diferencias. En cuanto al plan de estudios, la fundamental diferencia es el haber pasado a ser un grado en lugar de una diplomatura. Observo algo muy positivo como es la variedad de asignaturas optativas a elegir y que responden a la realidad social con la que el/la profesional del Trabajo social se debe enfrentar. Me llaman la atención dos: “Regulación laboral y extranjería” e “Integración jurídico-social de los extranjeros” y pienso: ¡Qué bien me hubieran venido tener esos conocimientos previos…! Sin embargo, “en mis tiempos”, no se nos daba esos conocimientos específicos de cada área.

Vuelvo a hacer uso del recuerdo y me viene mi primer día de trabajo, mi primera entrevista  con un matrimonio senegalés, mis dudas, mi desconocimiento (no sabía lo que era ni un visado, lo que implicaba el estar en situación regular o irregular en los derechos que se le reconocen a una persona,…)

En la universidad no me habían dicho cómo trabajar la integración con personas  que tenían prohibido trabajar, que tenían prohibido el acceso a muchos recursos sociales, que eran invisibilizados o bien se les visibilizaba como problema, usados muchas veces como herramientas  políticas,…

La realidad con veinte pocos años se veía compleja y no era una figura que se acoplaba perfectamente a un molde, que era la teoría con la que contaba.

Tampoco tenía en mi primer trabajo un profesional de Trabajo Social al que preguntar las mil dudas que me surgían…Sin embargo, tenía una gran ilusión y una actitud de apertura, lo cual creo que es fundamental en nuestra profesión. Busqué los recursos de mi zona de trabajo, del área, la legislación, tal como nos habían indicado,…  Pero lo más  enriquecedor, con diferencia, fue la relación con  los propios inmigrantes.

Sin duda fueron mis mejores maestros. Desde su clandestinidad, su falta de apoyo familiar y social, deseaban ser escuchados y me di cuenta que esa no era una necesidad más, sino quizá LA NECESIDAD más importante. Y en eso sí podía y deseaba estar. Daba igual que para otros era un “ilegal” más, mi primer día de trabajo estuve horas hablando con un chico marroquí. Me contaba  cómo era su vida en su país, entendí porqué había emigrado, el dolor que supone dejar atrás a tus padres y hermanos, entendí su sentimiento de soledad y de frustración, también su alegría  de encontrar a personas que le ayudaban, sus sueños, su capacidad de lucha. Al final del día tenía tantos sentimientos por descubrir una realidad nueva, tanta información que no te la dan los libros,…Me parecía haber viajado a la realidad de aquel chico y eso es Trabajo Social. Hablando con unas personas y otras, no era necesario leer un libro en que te explicaran las causas de los movimientos migratorios, por ejemplo.

Muchas veces me sentía una testigo privilegiada, como un termómetro de la situación mundial,… Cualquier noticia que escucharas en los medios, te llegaba después personalizada. Una mujer afectada por la catástrofe de Chernobyl, un solicitante de asilo político tras el intento de golpe de Estado en Gambia, un profesor de universidad de Mauritania que tenía problemas de riñón y que era imposible recibir diálisis en su país ,…  Así te dabas cuenta que ningún hecho constituía un suceso aislado.

Una jovencita trabajadora social con ganas de cambiar el mundo descubría que no era tan fácil, que son múltiples los frentes a combatir, las realidades complejas que afectan a las vidas de las personas. Tomas conciencia que no puedes cambiar la realidad mundial, pero aprendes también a valorar los microcosmos: cómo funciona el apoyo mutuo, como un médico se presta voluntario para hacer una operación quirúrgica, …pero la mayor enseñanza que me llevé es la fortaleza del ser humano, Cuántas veces me dije “Si fuera yo, ya habría tirado la toalla…”. La fortaleza del ser humano es EL MAYOR RECURSO con el que podemos contar para el desempeño de nuestra profesión.

La profesión de trabajo social, a pesar de lo que nos quieran hacer pensar, es preciosa, enriquecedora, si estás atenta  te descubre nuevos caminos. Por lo mismo, es dura, te encontrarás con la frustración en algunos días, mayoritariamente es estresante porque los frentes se multiplican, incomprendida por muchos, difícil de explicar para los que la desempeñamos, un peligro que te puede absorber otras facetas de tu vida,…

Pero aunque no esté en el plan de estudios te enseñará que es EL OTRO/LA OTRA quien da sentido a nuestra profesión. La persona es la que debe estar siempre en el centro de nuestras intervenciones, aunque no compartamos ni entendamos sus decisiones,…Creo que debemos ser humildes y que no por ser trabajadora social estás en posesión de la verdad, porque hay tantas verdades como situaciones, experiencias,…

¿A una persona que acabe trabajo social ahora qué le diría?…No sé, quizá que va a estar toda la vida intentando prepararse para ser un buen profesional, y que nunca va a tener la sensación de estar suficientemente preparado. Que se prepare para la que le viene encima: las mejores experiencias de sentir la satisfacción de acompañar a personas que consiguen sus sueños, pero también sentimientos de frustraciones o incertidumbres.

Como diría un posible eslogan publicitario: “No te dejará indiferente”..

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